Es sólo la descripción del mito. Se trataría de que pudierais completar el ejercicio planteado sobre el porqué consideramos que la historia -a pesar de proceder del mundo clásico- ilustra aspectos centrales del Romanticismo.
Acordaros que es un ejercicio obligatorio. Podéis contestar en el apartado de comentarios.
Las respuestas más elaboradas las podremos publicar como entrada independiente en el blog general del aula.
Por otro lado, os animo a todos a que vayáis pasando vuestros ejercicios a un blog o web personal.
ADEMÁS os dejo un poema maravilloso de W. H. Auden sobre esta figura mitológica, para que lo disfrutéis y veáis cómo podemos utilizar la mitología para tratar asuntos de la actualidad. Ilustraré el poema con el cuadro que lo inspiró.
FINALMENTE, añadiré un enlace a un texto propio sobre la figura de Ícaro y de Romeo y Julieta sobre los vínculos de textos extemporáneos que nos ayudan a entender el fenómeno del Romanticismo, y una PRESENTACIÓN con microrelatos que escribieron el año pasado vuestros compañeros que hoy cursan 3º.
En 1938, mientras la Guerra Civil diezmaba España y sus compatriotas almorzaban indiferentes, el poeta inglés W. H. Auden, fresca la sangre del conflicto en la memoria, entró en el Museo de Bellas Artes de Bruselas, se detuvo frente al cuadro Paisaje con la caída de Ícaro, de Pieter Brueghel el Viejo, y escribió sobre esto, sobre el dolor y las innumerables nucas que procrea:
MUSEE DES BEAUX ARTS
Acerca del sufrimiento nunca se equivocaron,
los Viejos Maestros: qué bien entendieron
su posición humana; cómo tiene lugar
mientras algún otro come o abre una ventana o sencillamente pasea aburrido
cómo, cuando los ancianos aguardan con reverencia, con pasión,
el milagroso nacimiento, siempre tiene que haber
niños que no desearon especialmente que ocurriera, patinando
en un estanque en la linde del bosque:
nunca olvidaron
que incluso el espantoso martirio debe seguir su curso
de cualquier manera en un rincón, en algún lugar desaliñado
donde los perros continúan con su vida perruna y el caballo del torturador
restriega su inocente trasero contra un árbol.
En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo todo da la espalda
sosegadamente al desastre; es posible que el labrador
hubiera oído la caída al agua, el grito desvalido,
pero para él no era un fracaso importante; el sol brillaba
como era su deber sobre las piernas blancas que desaparecían en las verdes
aguas; y el caro y exquisito barco que debía de haber visto
algo asombroso, un chico cayendo del cielo,
tenía que llegar a alguna parte y tranquilamente siguió su rumbo.
Diciembre de 1938
Todo estaba en orden. Sufrían los que siempre habían sufrido, prosperaban los que siempre habían prosperado. Diez meses después de que W. H. Auden escribiera este poema, en el corazón de Europa estallaba la Segunda Guerra Mundial.
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| Paisaje con la caída de Ícaro |


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